Se debe recibir a los lechones en un lienzo limpio y luego limpiar
principalmente la nariz y la boca. Se debe desinfectar el cordón
umbilical con yodo u otro desinfectante. Durante el parto se los puede
mantener en un cajón de cartón con una fuente de calor, por ejemplo con
un foco protegido con una lata abierta por la parte de abajo. Cuando
haya nacido el último animal, se colocan todas las crías junto a la
madre para que mamen el calostro, que es la leche de los primeros días
después del parto. El calostro proporciona anticuerpos vitales para
proteger a los lechones de enfermedades infecciosas.
Al día de
nacidos se deben despuntar los ocho dientes, parecidos a colmillos, de
los lechones con pinza o alicate desinfectados, para que no lastimen las
tetas de la madre. Es importante no arrancar o quebrar los colmillos.
A
los cinco o siete días de nacidos, los lechones deben ser castrados,
para lo cual se debe lavar y desinfectar con yodo diluido la bolsa o
escroto y también el cuchillo o navaja que se va a utilizar.
Para
que los lechones no se enfermen con anemia, se les debe proporcionar
hierro pintando los pezones de la madre con pasta de hierro o con una
inyección intramuscular, siempre que esto sea posible.
Es recomendable seguir un programa de vacunación según la zona donde se críen.
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